Creo que la diferencia entre un narrador y un escritor en realidad es el tiempo. Uno se impacienta y ansía llegar rápido hasta La historia, sumergirse y a la vez salir de ahí cuanto antes, para chapotear en otras tramas. Un escritor se ahoga.

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20170527

XX. "¡Esto va a ser LEGEN.... espera... DARIO!"


“Niños, les he estado contando la historia de cómo conocía a su madre, si bien hay muchas cosas que aprender de esta historia, esta puede ser la más grande de todas. Los momentos más grandes de sus vidas no serán necesariamente las cosas que hacen, también serán las cosas que les sucedan. Ahora, no estoy diciendo que no pueden tomar medidas para afectar el resultado de su vida, pueden salir de la puerta principal y su vida entera puede cambiar para siempre. Verán, el universo tiene un plan, niños, y ese plan está siempre en movimiento. Una mariposa bate sus alas y empieza a llover. Es un pensamiento aterrador pero también es algo maravilloso. Todas esas pequeñas partes de la máquina trabajando constantemente, asegurándose de que terminen exactamente donde se supone que deben estar. El lugar correcto en el momento correcto.”
—Ted Mosby a sus hijos

Sí, sí apestó. Apestó muchísimo el final de “How I met your mother” o “Cómo conocí a su madre”. Y ya. ¿Qué quería, amado lector? Esta columna se llama “Spoilers con reseñas”, ¿Esperaba la bellísima narración de un paseo en tranvía? ¿Fanfiction? ¿La reseña de la serie Una familia de diez? Para nada, usted debe saber que las cosas cambian: mi gente, el ancho de mis pantalones, los lugares donde mi mamá me golpea… Eh, en fin, bien o mal, las columnas del martes de Cómo conocí a tu serie, calientitas y abre fácil, llegaron a su fin. Todas las series retratadas aquí fueron vistas, sufridas, disfrutadas y sudadas por la inteligencia autoral (uy, sí). Pero contra todo pronóstico, la serie que inspiró el originalísimo nombre de esta publicación, fue ignorada. Fenómeno que está a punto de cambiar.

Me dirijo a usted, novato universitario, ese que llora por los ensayos al final de cada semestre, pero que todo el semestre la pasa “suave” en la cafetería. Sí, usted: ¿Sabe qué hay delante de esto? De este cúmulo de estrés, amigos y víboras de UAQ Aeropuerto… pues la vida. “La realidad”, “Allá afuera”, “Donde ya no van a recoger tu ropa sucia del piso”, entre otras menciones de los adultos que padecen esta situación. Pero también hay bares, noches legendarias, damas preciosas, hombres muy apuestos, sombrillas amarillas e historias, muchas, pero que muchas historias. Esto lo sabe Ted Mosby, incluso en el año 2030 todavía lo recuerda (se rumora que es dueño de una memoria eidética); por lo que se dedica a relatarles a sus dos hijos la historia de cómo conoció a su mamá. Y de eso van nueve temporadas y el misterio de la famosa madre.

Después de dos años de su finalización, fanáticos disgustados, columnas enteras dedicadas al odio proferido hacia HIMYM; no da para mucho, en absoluto. Si partimos de “la cola”, como bien lo haría el señorón Edgar Allan Poe con sus cuentos, resulta obvio el desarrollo de este texto… y la verdad, qué aburrido sería eso. Por ello, después del mal trago, no quedan sino recuerdos amargos, risas turbias y Neil Patrick Harris. Sí, porque las series tan largas como esta deben la vida al excelente performance de sus actores. Josh Radnor, Cobie Smulders, Alyson Hannigan, Jason Segel y el actor previamente nombrado, fueron amos y señores de nueve años de la sitcom de Sony Y FX. A pesar de la comparación con la invaluable Friends, esta comedia otorga nuevas primicias, giros de tuerca y la dulce sensación de ver al grupo una vez más en su bar más frecuentado.

Tras el primer capítulo flashback (como lo serán todos), se conoce a la nueva integrante del grupo de amigos: Robin Scherbatsky, una reportera canadiense. Las relaciones entre estos cinco personajes se perciben todo el tiempo como un conjunto sumamente ameno, que ni siquiera importa cuando se concibe el triángulo amoroso entre Robin, Ted Mosby y Barney Stinson; ni la estancia permanente de la pareja configurada por Marshall Eriksen y Lily Aldrin. Se conocen todas sus aventuras a lo largo de las treinta chicas con las que salió Ted, un romántico soñador, con la esperanza de que éste siente cabeza, como pasa con su pareja de amigos, desde la universidad. Por otro lado, Barney es presentado como el “ultimate mujeriego” y Robin, a quien no le interesa el compromiso insistente de Mosby, se guía más por el camino profesional.

Señor lector, debe metérselo en la cabeza: ultimadamente, el final es sólo un detalle. La apreciación lejana de toda la pintura, la saciedad que provocó tomar toda la botella, el giro inesperado en la novela, abrir los ojos y tener todavía cuatro horas para dormir; eso es lo que cuenta, los buenos ratos. Risas con esos amigos que duran hasta el 2030, abrazar al ser amado, recostarse en pleno disfrute de una buena serie. Tenemos algo innegable, algo que nos va a perseguir hasta que abucheen nuestro propio final, y es la capacidad de disfrutar del ahora, de esas veinte columnas, esos cien párrafos que costaron uno y la mitad del otro. El ocho, el cinco o el diez en Literatura Mexicana o Teorías de Medio Siglo es lo de menos. Respirar, porque estos años universitarios no nos representan. Lo que pasa en el bar, bajo la ventana de la persona amada, el 2030: eso nos representa.
"Dios, soy yo, Barney, ¡¿qué pasa?! Sé que no hablamos mucho, aunque gracias a mí muchas chicas claman tu nombre." Barney

“Nunca ocurre nada bueno después de las dos de la madrugada.” Ted

“- Chicos, todo el mundo tiene una opinión acerca de cuánto tiempo toma tras una ruptura.
- Lily: La mitad de lo que duró la relación.
- Marshall: Una semana por cada mes que estuvieron juntos.
- Robin: Exactamente 10.000 bebidas.
- Barney: Algo como esto no se puede medir temporalmente, hay una serie de pasos, desde su cama hasta la puerta de enfrente. ¡Bang! ¡Fuera de Aquí! ¡Siguiente!”

“No esperamos a la persona que tolere nuestros pequeños fallos… sino a la que le gusten." Ted

“He intentado tanto reprimir mi lado de idiota despreocupado que finalmente se rebeló." Marshall

“El futuro da miedo, pero no puedes volver al pasado solo porque te es familiar, aunque sea muy tentador." Robin

"¡Eh! Estoy en un punto de mi vida en el que mis trajes son mi familia." Barney

Gracias por leer

20170508

XV. "Ambos miramos dentro del abismo, la única diferencia es que tú parpadeabas"

Percepciones headcanon de Batman once años después
Chistopher Nolan vs Zack Snyder

Siluetas nocturnas que surcan en el cielo,
fugaces silentes, explorando el viento.
Las vocales todas vuelan en sus vuelos,
diestros, zigzagueantes, ágiles, certeros...
en las noches, al surcar el cielo 
(buscando celosos al dañino insecto,
al fruto maduro aún no disperso,
la flor infecunda que espera sus cuerpos)
les contemplo alegre y paciente espero
que agiten las alas en un giro nuevo,
suave y elegante, atrapen contentos todo mi cariño...
¡Murciélagos buenos!
Murciélagos Buenos, Noel González Gotera, 1978


Yo soy Batman. Sin tomarlo personal, aseguro que el lector también lo es, o puede serlo. Todos podemos representarnos en él, porque el caballero de la noche ni siquiera es humano, es una alegoría muy compleja. Sus matices, en la más pulcra gama de grises, remontan el poder puro del miedo, impulso invisible pero inagotable; el nivel gráfico y físico se mezcla, para darnos esa efigie etérea, al hombre capaz de caminar entre los dioses. Es necesario retener esto, dejar de lado la botana momentánea del Batman fofo de 1966 y sus semejantes, la brecha a nivel cinematográfico se reduce de manera abismal. Porque hombres murciélago hay en todos lados, eso no significa que sea cualitativamente favorecedor. Esto va a ser muy difícil, además de la precaria extensión y el esfuerzo por abreviar el asunto, se tiene como propósito esbozar las tres entregas cinematográficas de Christopher Nolan, contra la “actualización” de Snyder en este año. Si bien no se antepondrá el buen criterio del público, se busca una sola aseveración: ¿Qué es mejor para Batman como ícono invaluable de DC? Si gusto o no alguna película o si no se le vieron los calzones a Superman en esta versión de Henry Cavill, va a ser lo de menos. Atendamos un momento al futuro idealizado, a miras de The Batman.

Se necesita ciertas percepciones ya establecidas de estas cuatro películas, al poseer once años detrás para actualizarse en el material de Nolan y algunos meses para el de Snyder. Da igual, algo se habrá colado por el conocimiento general de la masa. La primera trama se basa en un mundo completa y necesariamente real (por lo tanto, posible). Por el otro lado, al sumar la cinta de Man of Steel al canon, se cuenta con la presencia extraterrestre, fantástica e incluso futurista. En este rango, la seriedad del murciélago es pragmática, ya que se le ve como un “humano” en evolución y como la autoridad intelectual, respectivamente, y las dos partes funcionan como deben. Un desacierto es la falta de pasado, más allá del obvio, en el caso de Snyder, da la sensación desesperante de enfocarse demasiado en Superman; aunque sea se trate de ambos personajes, la fluidez en el pensamiento de Wayne se ve disminuida, porque no hay un antes de ahí, sólo un coprotagonista muy intenso. El pasado contorna bellamente a Nolan.

En otro sentido, la veracidad de ambos Batman se deshace entre sus características físicas. Tenemos a Ben Affleck en pleno 2016, realizando un trabajo magistral gracias al tiempo en que la historia se basó. Seguramente un envase con mayor antigüedad hubiera servido igual, porque a Bruce Wayne no se le ve presentando dolencias y carencias físicas, y es lo necesario para usar una armadura anti radiación, el pesar ante su fragilidad humana y la grandeza de lo mismo al probarse frente al súper héroe por excelencia. Es obvio que la comparación entre tres películas es algo burdo, pero gracias a que el carácter es lo mismo, Batman reluce en la trilogía como un accesorio incómodo, casi como si el látex le impidiera estirarse con total libertad, la pretensión de despilfarrar en recursos gana a los fundamentos del “héroe”, sin detenerse mucho en los puños, la principal carencia en Christian Bale y la fortaleza fúrica y enardecida de Affleck, brindando un espectáculo esperado, concreto e incluso sobrepasado, gracias a las alucinaciones dentro del actuar del murciélago. La pequeña falta de equilibrio entre Wayne-Batman de Nolan, a pesar de la adaptación a largo plazo, hace triunfador al físico de Snyder.
Otra estancia necesaria y obligada en este ámbito, es en dónde demonios se ve envuelto el caballero oscuro. Puede ser el Batman idealizado, pero si terceros no se encargan de enaltecer u obstaculizar su rol, la representación de éste va a ser irrelevante. Con Nolan tenemos un universo simétrico, los buenos, malos y neutrales se dan a entender con cada diálogo o acción: la desahuciada ciudad de Gotham, el desuso de moral, la mafia y principalmente sus villanos, exaltan la razón de ser del héroe atormentado, del cuerpo policíaco tenaz y de la voz pícara de la razón; el orden oculto gobierna. En el 2016 nos encontramos con un manojo de personajes que están… porque sí; sin más, la estadía de tantos y tantos héroes nos deja con un sabor de boca “vengador”, relegando lo que pasa en ese momento, se busca crear expectativas, como encontrar una Caja de Pandora versión cinematográfica; además, la villanía parece estar de vacaciones, sin proveer de presión relevante entre Batman y Superman, además del mal sabor de boca ante antagonistas planos, sin sentido e incluso sin gracia. Por ahora, a falta de La Liga de la Justicia y posteriores, la cosmovisión de Nolan se sostiene.

La repetición aburre, la imitación parece ser una burla a nuestra inteligencia. Snyder no dejó de lado por completo sus aciertos como Watchmen y 300, sin embargo, cuando le cuestionamos acerca del futuro de Batman, a la fecha, deja mucho que desear. Bruce Wayne y su contraparte necesita tratarse con pinzas, no tenerse ahí como un sobrante o un mortal prescindible. Hará falta un esfuerzo para retratarlo como un cerebro y unos puños valiosos en Justice League y equilibrarse con Superman, en el destello del amanecer, contra la lobreguez de la noche. Lamentablemente el cine no es sólo expresión y amor al arte, la competencia lo censura también, le impide arriesgar más de lo preestablecido. La crítica tiene la capacidad de desintegrar a cualquier título, sin retroceder y apreciar por un momento el esfuerzo. Hablar de varas muy altas, expectativas y promesas rotas son detalles. Que ir al cine no se evoque en juzgar por tener una valía como nerd de los cómics o como simple fanático; la autenticidad no sólo requiere provenir del creador.
"If Clark wanted to, he could use his superspeed and squish me into the cement. But I know how he thinks. Even more than the Kryptonite, he's got one big weakness. Deep down, Clark's essentially a good person... and deep down, I'm not".

20170212

(Golfa de los paréntesis)

No sé si es peor una fotografía diario o un escrito diario. Esta es la triste historia de los dedos que no sabían qué escribir pero sí (qué) sentir.

Es que es cierto, las cosas que se practican todos los días van perdiendo el saborcito, la carnita que hace a uno hasta voltear los ojos de tan sabrosa experiencia. Sin embargo aquí estamos, porque, digo… es la segunda vez que lo hago. Ya nos veremos las caras en la publicación número quinientos, o así... eso espero.

Eran dos cosas. Por un lado tengo la extraña inquietud de explicar algo sobre el acto de fumar; por otro, sobre el día… como si hubiera algo más allá del disfrute momentáneo del presente. Porque este día sí fue disfrutable, por lo menos no me quedé todo el día frente a la computadora, nada más moviendo las cosas pendientes de lado, como se suele hacer toda la vida, hasta la mera hora, la hora fatídica…

Hoy salí y me encontré con que ya nadie lo hace más, no con el mero propósito de asomar la nariz por hacerlo. Vivo en una calle enorme, enorme de larga; puedo presumir que en esta mañana me encontré apenas como a seis pelagatos y ni siquiera salí tan temprano como habría deseado. Es extrañamente relajante caminar sin tener un problema en el mundo, aparentemente. Pues era domingo y cualquiera que se precie no hace nada el fin de semana. Pensamiento cambiante con relación a la primera columna.

Pero es igual, uno sale de su comodina prisión para meterse a otra, la cual apenas tiene algunos cambios, pero en esencia atrapa, adormece y cristaliza el tedio. El secreto está en encerrarse con quien se prefiera, con quien haya tolerancia mutua, por cierto tiempo. Así es hasta que uno se hace pasita y después vuelve a inflarse en forma de esperma. Con semejante mentalidad, probablemente hubiera sido uno de los espermatozoides relegados, que esperan a que el más fuerte llegue. Si tan sólo me hubiera quedado en la mano de mi padre… y esperar pacientemente a que mi madre tuviera a un hermano mío, más fuerte, guapo, grande y frío. Nadie tan especial como el que no está.  

Regresando al punto, parece ser un buen día, nada ocupa excesivamente la preocupación de nadie para vomitar tanta bilis, no en domingo. La miseria cala porque deja morir a uno de a poco, cual pruebas gratuitas en el mall, hasta que le dicen a uno que es la tercera vez que se lleva un puño de donitas con azúcar y que se van a ver en la penosa necesidad de vetarlo... otra vez.
Sin darse golpes en el pecho, el presente es bello, porque se puede posponer el punto culmen hasta límites inverosímiles, hasta el más ínfimo segundo. Da gracia cuando no es uno el afectado, pero a la vez no hay nada como reírse de uno mismo cuando toca.

Oh sorpresa, uno se topa que las generaciones anteriores sí que hacen sus cosas el domingo, como todos los días. Y se topan con la famosa “millenniada”, se dan varios golpes en pecho, todo mundo pregunta “¿Qué hicimos mal con estos muchachos?”, cuando nada es tan malo para azotar a todo un rango de edad, un estilo de vida adaptable a cambios, a que todo cae en las manos en forma de descarga ilegal o de manera injusta, porque nadie enseñó que las demás generaciones culparían a ésta de todo. Y está la ansiedad, la era vintage, el anhelo de más, la realidad inferior, malsana, la completa mediocridad, salpicada en el rostro de jóvenes y ancianos.



Ahora, el fumar. Bastante relacionado con la ansiedad, el bulto que carcome y se lleva a los más débiles. Una vez alguien me dijo que el acto de fumar es igual al de respirar. Al final necesitamos observar ese halo que va o viene, necesitamos aspirar algo con cualquier propósito, menos para expandir a ese bulto que no hace más que crecer y, a la vez, muta en una pelota hueca en el estómago. Tal vez el fumar sea menos necesario que el respirar, pero por breves instante se presenta, atiende a las verdades físicas para ser, entonces observamos lo que nos mata.

Comienza como un dulce secreto, una expulsión ardiente en los pulmones tiernitos. La succión es tan fervorosa y pasional como el propio corazón, transmuta por un instante, preferiblemente interminable. De hecho, se acaba tan rápido que sólo queda pedir otro al amigo que experimentó antes y ahora se compra la cajetilla; eso o volver al asqueroso aire.

Inhalar y ver el dióxido de carbono, porque recuerda bastante a la exhalación en ambientes helados. La niñez, las mejillas sonrosadas y el olor a mamá. Observar la forma del humo: mujeres curvilíneas y deliciosas, paisajes preciosamente inimaginables, todo vertido a carboncillo. La sensación no escapa, el cilindrillo sí. Se extingue en la suela, se escupe lo que una vez se disfrutó. Queda ahí para que otros la pisen y noten que ahí se terminó el exhalo de un alma anhelante. El alma se autoconsume y las cenizas no son ella, son un despojo de malas decisiones, de amor malconstruido hacia el mismo ser.

Uno expele hasta que es expelido. Bota hasta que es botado. El humo ya nace de los pulmones, los cigarrillos se encuentran más cómodos en la boca de uno que en un cenicero, pues la boca huele más a ellos que ese asqueroso pedazo de vidrio que empala a sus conciudadanos moribundos. La vida finalmente dura lo que un cigarro y se acaba porque tiene que hacerlo, al final somos colillas dilapidadas en suelas de piedra, esperando que el caminante nos note y exhale melancolía, pero que cambie la página y fume a sus semejantes “vivos”, fuegos resplandecientes que refulgen en cada inhalación. La ceniza es el fracaso, la cercanía a la colilla es indicada por la calidez de vivir de la mano de más experiencias, saber más por diminuto que por nuevo. La cosa es que yo era un churro, tienen que prenderme constantemente para disfrutar.

La vida trata de rozarse con momentáneas experiencias en donde todo cuadra, seguido de un montón de confusión. El único intermedio es la risa, la caminata despreocupada, los besos, el adiós y el choque con otras mentes.


Y listo, a comer patrañas para la cena, aunque ya he comido suficiente por hoy, bueno… ¿qué tanto es tantito?