Creo que la diferencia entre un narrador y un escritor en realidad es el tiempo. Uno se impacienta y ansía llegar rápido hasta La historia, sumergirse y a la vez salir de ahí cuanto antes, para chapotear en otras tramas. Un escritor se ahoga.

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20170520

XVIII. “Sí, él siempre es así”


Razón para el proceso de beatificación para Mike Stamford*

Un genio con genio, un sociópata de alto funcionamiento, un condenado a su propia mente y, a la vez, condena de su propio creador, Sir Arthur Conan Doyle. El detective privado Sherlock Holmes, ha acumulado alrededor de cincuenta adaptaciones, fácilmente; entre cine, teatro, series, comics, etcétera, sabemos de Sherlock porque lo han metido hasta en un título de Deadpool (1). La saturación del protagonista holmesiano se traduce en la necesidad de renovación, una prueba remarcable de su inigualable huella: la relevancia del mismo, siendo constantemente actualizada por los propios fanáticos. Mark Gatiss y Steven Moffat, escritores de la versión moderna de este insaciable investigador, son culpables de la explotación más reciente (2) de este fenómeno británico.

No importa si usted detesta con enardecida pasión a las obras serializadas, si preferiría leer cien veces el canon holmesiano, en vez de toparse con semejante aberración televisiva (3). Desde que escuchamos la profunda voz de Benedict Cumberbatch, elucidando sus diálogos a la velocidad de la luz, hacia Martin Freeman, el dueño de una cara parecida a la del televidente, entre maravillada y confundida; abre paso a la magistral pareja de Sir Doyle, un Don Quijote victoriano con su respectivo Sancho Panza; el Dr. House británico y su respectivo Dr. Wilson; Capitán Spock y Capitán Kirk (4), con la misma química romántica. Sherlock Holmes y John Watson se han transportado, de alguna manera a tiempos contemporáneos, adquiriendo un óptimo resultado.

Mike Stanford y John Watson se acercan a Sherlock. De un vistazo, el detective pregunta: “¿Afganistán o Iraq?” y en un minuto describe cómo, cuándo, dónde y por qué, huye con un “Mi nombre es Sherlock Holmes y la dirección, 221B de Baker Street” y un guiño (5). En las escenas siguientes ya están viendo el departamento futuro a compartir, con extraños diálogos pequeños, como una manera de acostumbrarse al otro. Cuidando apariencias, fingiendo modestia… el erudito nunca se había visto tan necesitado de la aprobación de otra persona, en este caso, una relativamente “desconocida”. La casera presupone que John es la pareja de Sherlock… (¡SPOILER!) Básicamente es esto en toda la serie, Watson aclarando con un falso tono ofendido “No soy gay” y Holmes… ¿sin decir nada? (6).

Más allá del contexto, las preconcepciones del escritor están plasmadas fidedignamente, la serie es una mezcla de dramas detectivescos, un toque de comedia inglesa, la acción adecuada y entretejida y complicada relación de esta pareja, dedicada a resolver misterios y crímenes. Por un lado, John se atreve a salir apenas del trauma de la guerra, sus lesiones y su afirmación “No me pasa nada” (7). Por el contrario, Sherlock “aprende” a mantener a una persona cerca de sí, además de todo lo que eso conlleva; vivir en un contexto social que lo marginaliza y después convivir con el doctor, su maravillado amigo, un compañero de aventuras, dispuesto a seguir sus pasos, pero a regañarle cuando sea necesario. Juntos crecen como personas, tal como lo haría una pareja sentimental.

Por una parte, contamos con la nueva versión holmesiana, y su respectiva adaptación encausada en una serie de televisión de tan sólo nueve capítulos. Esta serie cumple con su principal función, envolver a la viejísima pareja “Johnlock” (8) en pleno siglo XXI, así como todo lo que este contexto modernizado refiere. La presente duda de las preferencias sexuales de ambos personajes sigue a uno en silencio, a lo largo de la serie, muy a pesar del contenido imperdible, la trama dirigida por el detective y la aparición adecuada de los “archienemigos” de éste (9); la verdad no será ratificada hasta que haya algo más entre esta pareja que un par de miradas cómplices. ¿O usted será capaz de elucidar algo más allá de eso?

Mike: No te he visto desde hace un par de días, ¿desde que te presenté a John? ¿Cómo ha resultado ese caso?, ¿lo resolviste?

Sherlock: Por supuesto

Mike: Ah, bueno. Entonces todo está funcionando con John, sup... mppph.

Sherlock: Está funcionando. Gracias Mike.

Mike: Ah bien, buenas noches entonces.

Sherlock: ¡No le digas a John sobre esto!

Mike: ¡Heh! Puedes contar conmigo. :) 

______________________________________
NOTAS
1.- Deadpool Killustrated, encontrada en la edición de Deadpool, trilogía asesina.
2.- Reciente, para esta reseña, significa desde el año 2010, en el estreno de la primera temporada de la serie. Además el adjetivo viene con sus implicaciones culturales, como el fenómeno causado por el título a una escala masiva.
3.- Con “Aberración televisiva” me refiero a la necesidad de condenar a los medios populares recientes, alegando que la sola TV hace estúpido a uno y demás aseveraciones falaces. Es como decir que el chocolate engorda… si el que engorda es uno.
4.- Las referencias hacia Holmes se encuentran enlistadas al principio, mientras que las de Watson son a su lado, como es debido. Sin embargo, Spock y Kirk no es una referencia muy precisa, pero fue menester agregarlos por la química ya mencionada.
5.- Aproximadamente en el minuto diez del capítulo primero: Study in Pink.
6.- Respecto al carácter de Sherlock, es realmente impresionante que no debata, comente, rectifique, corrija o aclare cualquier cosa. Es sumamente sorpresiva esta postura ante las presuposiciones del resto respecto a su relación con su mano derecha.
7.- John Admite esto cuando va con su psicóloga, cuando ésta le pregunta por qué no ha escrito nada en su blog.
8.- Nombre de la pareja adoptado por el fandom. Une el nombre de pila del doctor con la partícula final del nombre del detective, aunque también es una referencia al capítulo primero de la segunda temporada Scandal in Belgravia, donde la pareja se encuentra con “La mujer”, Irene Adler.
9.- Un “ensayo” sólo de estos personajes es un posible proyecto futuro.

*Mike Stamford presentó a los protagonistas. Beatificación es una hipérbole, dada su buena obra.

10/10

20170505

XII. Bajo mi tutela, los convertiré de niños a hombres, de hombres a gladiadores y de gladiadores a Swansons

"Dale al hombre un pez y aliméntalo por un día. No le enseñes al hombre a pescar... y aliméntate a ti mismo. Es un adulto. Y pescar no es tan difícil."

—Ron Swanson

"Necesitamos recordar lo que es importante en la vida: amigos, waffles, y trabajo. O waffles, amigos, trabajo. Pero el trabajo tiene que estar en tercer lugar."

—Leslie Knope

"Voy a decirte un secreto sobre el trabajo de los demás: nadie sabe lo que está haciendo. En el fondo, todos sólo están fingiendo, hasta que descubren lo que tienen que hacer. Tú lo harás también, porque eres asombroso y todos los demás apestan."

—April Ludgate

"Cuando la vida te da limones, haz limonada. Eso lo leí una vez en una lata de limonada. Me gusta pensar que eso se aplica a la vida."

—Andy Dwyer

Bajo una regla no escrita (hasta donde mis ignorantes ojos han visto), se ha dicho que los temas prohibidos en cualquier conversación pública son: la religión, equipos de tu preferencia en el fútbol, la orientación sexual o sobre la comunidad LGBTQ y... la política. Entonces, una serie envuelta en la política desde un primer plano permanente, debe ser algo pesado de presenciar, sobre todo cuando se puede lograr una obra de arte sumamente dramática como lo es House of Cards, el título de Netflix ocupado de retratar funcionarios políticos totalmente desalmados y maquiavélicos. Sin ir tan lejos, los temas retratados en el gobierno de México son de lo más escabroso que se ha visto y que se seguirá viendo, desafortunadamente. Ya ni ver las noticias de las siete es bueno, o sino por algo he escuchado a varias personas, hablando de lo mucho que los deprime sentarse a escuchar puras desgracias y falta de valores en su país natal. A pesar de que la siguiente serie no es la respuesta definitiva de todos estos problemas, nada da para tanto; mucho menos para los mexicanos, es un rostro distinto de la típica figura gubernamental, un suceso desestresante para el televidente de semejante estrés.

Park and Recreations es una serie norteamericana transmitida en la cadena NBC del año 2009 al 2015 creada por Greg Daniels y Michael Schur. La trama gira alrededor de un “Mockumentary” o falso documental, retratando el día a día del departamento gubernamental de Parques y recreaciones de Pawnee, en Indiana; de la mano de un pequeño apartado del gobierno dedicado al arreglo de los parques de ese pequeño suburbio. La invaluable protagonista, llamada Leslie Knope (Amy Poehler; Saturday Night Live, Intensa-Mente), es la vicepresidente de Parks, una mujer conocida por su infinito entusiasmo y la enorme dedicación a su trabajo, moviendo cielos y montañas con el fin de conseguir un permiso, necesario para construir un parque en un tiradero inservible al lado de la casa de la enfermera Ann Perkins (Rashida Jones; Hot Girls Wanted, The Muppets), la ciudadana que originalmente se quejó de este vertedero, al ser la causa principal del accidente de su novio, la inútil pseudo estrella de rock, Andy Dwyer (Chris Pratt; Guardianes de la galaxia, Jurassic World). 
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A partir de aquí nos encontramos con la batalla de Knope, al lado de sus compañeros de trabajo: April Ludgate (Aubrey Plaza; Dirty Grandpa, Addicted to Fresno) una becaria totalmente apática y en cierto punto amargada, Tom Haverford (Aziz Ansari; Master of none, Buried Alive) un joven bastante optimista respecto al entrepreneur freelance; y, por destacar a los más importantes, Ron Swanson (Nick Offerman; LEGO, We are the Millers), presidente y jefe de Leslie, además del político con más repudio hacia la propia política que haya existido jamás, y un gusto casi enfermo por la carne y el desprecio por sus esposas. Como tal, ningún personaje aquí presente podría brillar siquiera en una serie de acción o en un drama. Seamos honestos, ¿ver burócratas siendo aburridos hasta en la televisión? ¡No gracias! Sin embargo, es gracias a esa cotidianidad, a esa trama aparentemente sosa de los típicos días de oficina, que tenemos una joya reluciente, por encima de su antecesora, The Office. En Parks se reconoce un trayecto determinado, seguido, malinterpretado pero sacado adelante por la única persona que le importa. Sobre eso, se notan perfectamente las reacciones de los demás personajes, sin acabar siendo otras personalidades. En sí, viéndolo por debajo de la tela cómica en la que la serie se ve envuelta, acaba siendo una reflexión importante.

¿Qué tanto sabemos del otro?, ¿qué tanto nos interesa o pretendemos interesarnos? Es fácil dejar fluir a la diarrea verbal, despotricar contra la gente de allá afuera, las personas decididas a vivir tras reflectores o tras curules. Sinceramente, ¿quién no se la ha mentado a Peña Nieto? Como si de cierta manera viéramos con nuestros sacrosantos ojos el pésimo trabajo que realiza, lo pensamos como un ente mágico, un Harry Potter capaz de resolver todos los problemas de los mexicanos, de la sociedad y, ya envalentonados, DEL MUNDO. En la pequeña Pawnee es común observar a Leslie Knope reuniendo a la comunidad interesada en presentar sugerencias o comentarios hacia la administración de los parques. En sí, lo sorprendente no es ver a tanta gente preocupada por ese tema, a mi parecer insignificante, sino es acerca de escuchar a los ciudadanos quejarse y proponer cosas muy peculiares. Porque los hay de muchas formas, como en la sociedad real: ancianos, madres preocupadas, racistas, religiosos, liberales, gente que ama la saga de Crepúsculo… en fin, raritos. Se puede apreciar claramente lo difícil de ponerse en los zapatos del otro y descubrir otros problemas que a uno ni siquiera se le asoman en el transcurso de su vida. Reconocer un poco la vida de un político, con sus pros y contras, además de aceptar la incongruencia generalizada, al afirmar todo el tiempo lo malditos que son y la inexistencia de buenas personas en el gobierno.

¿Qué tanto habremos de admitir culpas y poner de nuestra parte? Lo supongo algo concerniente a cada quien, sinceramente, es un tema escabroso, cada vez más popular e informado (malamente). A más de uno probablemente no le parezca presenciar a los gringos gozando de personajes como los que se ofrecen en este título, entonces yo pregunto: ¿qué tanto deseamos ver fracasar al otro? Lo ideal, probablemente, sería ver a alguien como Knope en la presidencia estadounidense (algo tratado en la serie, pero como un proyecto a largo, muy largo plazo), porque es seguro, habrá gente a la que se le enchine la piel en cada encuentro con Donald Trump, escuchando su sarta de barbaridades. Quedará en cada quien, reflexionar y debrayarse a partir del contacto con diferentes puntos de información. Sí, reír, divertirse y soltarse de cuando en cuando, pero también de preocuparse, tratar constantemente de mejorar como persona y sobre todo… de entender.
"Las personas de este pueblo apenas están escuchando Nirvana. No tengo el corazón para decirles lo que le va a pasar a Kurt Cobain en 1994."

—Tom Haverford
9/10

20170425

VII. Iba a ayudarte, pero después no quise

Don’t Trust the B---- in Apartment 23
(No confíes en la P---- del apartamento 23)
“Te pedí algo. No sé qué comen las mujeres.”
“Cariño, no comemos. Vivimos en cuevas, tenemos el período hasta que podamos tener sexo con el primer tipo que nos compre un vino y nos recuerde a nuestro padre.”
-Busy a James Van Deer Beek, Don’t Trust the B---- in Apartment 23, Temporada 2, Capítulo 1 “A Reunion”, Minuto 14:01

Apartment 23 es como la obra del último poeta maldito, Charles Bukowski: se le puede amar u odiar. No hay intermedio y es inevitable escoger uno de los dos lados, porque es una preferencia difícil de ocultar. Así se crea esta dicotomía en la opinión popular, al pensar que el cinismo, la comedia cruda y el sentido común pesado y cosmopolita puede ser la manifestación de la genialidad en persona o una perfecta oda al mal gusto. La serie americana creada por Nahnatchka Khan (American Dad!, Malcolm in the Middle), instituida por la cadena ABC, se condujo en pleno 2013 con la polémica e inexistente tercera temporada, la increíble sensualidad de Krysten Ritter (Jessica Jones, Breaking Bad) y estas críticas encontradas, ante la posesión de un discernimiento vago al momento de pensar más allá de lo que se puede ver. Después de unas cuantas semanas de terminar con la segunda temporada, es fácil reconocer esa tenue sensación de vacío y recaer en la conclusión de que uno termina encantado de odiar tanto a la serie. A continuación intentaré expresar el porqué de ello.

June Colburn (Dreama Walker: Sex and the city, The good wife) es una joven adulta, acaba de terminar su vida como estudiante y dado que su mayor sueño era trabajar en Wall Street, renta el apartamento 23 de cierto edificio anunciado en el periódico, poco después de hablarlo con quien sería su compañera y la peculiar It girl de la serie, Chloe (Ritter). En el mismo día de su cumpleaños, June ha perdido su añorado empleo, no tiene dinero y al volver a su nuevo hogar descubre a Chloe y a su prometido teniendo sexo sobre su pastel. Por muy curiosa que sea la situación, la misma June termina afirmando este desastre como lo mejor que le ha pasado. Definitivamente la ciudad de Nueva York es un monstruo para una provinciana buena gente, pero como tal, June no se considera una víctima en la trama, sino una mente provechosa y optimista, la cual se vale principalmente de su lado contrario, la zorra/perra/bitch del apartamento en donde ambas subsisten. Aunque la trama es copiosa, June aprende a vivir por y para ello, sin amedrentarse por cualquier aprieto en que Chloe las meta. En el proceso van a encontrarse con muy buenos amigos, como James Van Der Beek (interpretándose a sí mismo; Dawson Creek) compañero fiel en las parrandas de Chloe; y Mark (Eric André) compañero de trabajos de June y quizá algo más.

De momento, estas reseñas nunca han intentado persuadir a alguien de consumir las 6 series que han sido tratadas, sin embargo, se puede esperar cierta reflexión recíproca sobre las mismas, para un asiduo conocedor del tema o sólo un curioso que viene de camino, que tal vez se equivocó y dio click a la columna equivocada. Después de este pequeño encuentro con la historia, el agradabilísimo lector tal vez se pregunte si acaso la historia gira en torno a estas dos chicas banales, con problemas burdos y la mala comedia que un actor puede ofrecer al actuar bajo su nombre propio. Y no, el trasfondo que ofrece esta comedia norteamericana, tan repetitiva y cansina, en realidad se encarga de entregar un enorme significado a lo largo de los 26 capítulos emitidos: el feminismo en estado puro. No, no aquel “movimiento” que la gente de pocas luces se ha encargado de hundir, al punto de llamar a estas pseudo feministas “feminazis”. Es una chica frente a su futuro soñado desmoronándose y el proceso de aprendizaje con la otra, a la que le vale un reverendo carajo la vida; concluyendo con su difícil relación en donde se trata constantemente de equilibrar sus personalidades.

A su vez, bajo esta hermosa perspectiva de poder femenino (ja ja), las cosas pésimas no pueden faltar. En ciertas escenas se percibía la molestia o incomodidad al presenciar momentos racistas, discriminación a enfermos/discapacitados, el pisoteo a empleados de forma deliberada y la sinvergüenza generalizada. Como para dejar claro: esta no es una serie familiar, de ninguna manera; todo lo reprobable está a la orden del día: los desnudos, las escenas de sexo, las ganas de molestar o de causar polémica "porque sí", la falta de profundidad en los personajes secundarios y un largo etcétera. Hay una escena donde literalmente se minoriza a Mark por ser negro y lo peor es que él mismo lo dice, es un personaje constantemente olvidado por los demás y (spoiler) no es hasta finales de temporada que June le da una mísera oportunidad para hacer evolucionar su relación, un fracaso inminente a fin de cuentas. Y no se diga del reproche y constante "bullying" hacia la madre de Chloe, tanto por parte de ésta como del resto de su familia, sólo por ser paralítica. En su defensa, estos personajes podrían existir como una crítica a la sociedad real y para reflexionar sobre la manera de actuar del personaje principal, la zorra.

Aquel osado que recalque la falta de maestría en cualquier comedia, no reconoce el esfuerzo a la par entre géneros, aunque por parte de esta humilde opinión se considere mucho más difícil hacer reír en todos los capítulos, más que hacer llorar y conseguir la frustración o la expectativa del público. El trasfondo importa y es un rasgo importante en la renovación de temas, en especial en un rango cómico tan gastado y sobre todo adulto. Desafortunadamente las aventuras de Chloe, James y June han sido dejadas a un lado, tras dos temporadas amputadas, una vez más, por confiar exclusivamente en las cadenas televisoras. La confianza que el título de humor negro se tenía a sí mismo era tan poderoso, a pesar de ser la causa de su autodestrucción y de esa indesición del público. Porque funcionaba, algo que no podría decirse de entregas como Unbreakable Kimmy Schmidt, serie que tal vez va a ser abordada... o no, porque sinceramente es un absurdo desperdicio de tiempo y podría ser objeto de crítica destructiva... o no.


"Si tuviera tiempo para preocuparme por cada persona que me admira, me imita y me acosa, no tendría tiempo para ser mi fabuloso yo"

9/10

20170213

Teorema del olvido (probablemente sentí algo cuando escribí esto, pero cuando lo vuelva a leer se me va a olvidar)

No saber también implica algo, o eso creo. Para eso está la reutilización. Así se entiende que no hay nadie tan grande como el que se atrevió a dar el paso, el que se dejó de tonterías e influjos inspiradores para lograr una maldita cosa en este mundo. Por supuesto, se debe sentir bonito, ¿no? ¿No?

La imagen puede contener: texto 
<<No es Jack London

Se escuchaban apenas los gritos del pequeño negrito desde el portón. El hacendado se enderezó, sin soltar de las riendas a su yegua, quien totalmente atenta se desprendió de la hierba que devoraba y atendió a ese tirón amistoso.

El hijo de la criada seguía llamándolo a voces, incluso cuando estaba a metros de distancia. Bajó de su transporte y corrió hacia el establo. Encontró una escena digna de un campo de batalla, por lo menos desde su punto de vista como padre.

Su pequeño hijo de cinco años zarandeaba al pequeño cachorro que recién había parido Daisy; éste sólo se convulsionaba desesperadamente. El hacendado retiró a su pequeño, tan exasperado que no notó cuando Daisy se acercaba y ante sus ojos veía a su propia cría sufriendo. Ni tarda ni perezosa se abalanzó al cuello de su dueño y le arrancó la garganta de un mordisco. El niño seguía sacudiendo a su mascota, mientras el hijo de la criada dejó de gritar.>>

No tengo idea de por qué escribí esto en un ejercicio de clase. En realidad no creo que el niño se quede tan tranquilo después de que le arranquen la garganta a su padre, tal vez trataba de reflejar que la naturaleza absorbe a los entes exógenos y, como tal, el pequeño niño todavía permanecía como un ente ambiguo a los ojos de la perra, elemento natural, tanto como lo era el establo. Probablemente el niño pensó que su padre se sumía en un largo sueño, después de haber jugado con Daisy, porque todo el tiempo estaba afuera, cuidando de sus animales, los cuales lo querían mucho. Dar esa propiedad de cariño a un animal desinteresado por los sentimientos se recalca en esta vil copia de un ícono del naturalismo esencial de la literatura norteamericana.


Como tal, esta clase fue una de mis favoritas, había que leer obras con la que la gente se entiende más, muy diferente a Teócrito o a Virgilio. La adecuación a la cultura más cercana a la nuestra representa, a mi parecer, otro tipo de pérdida. No habría nada de malo con leer obras norteamericanas, pero habría que ver la consecuencia de leerlas de este lado del camino. El arte no entiende de geografía, por un lado; y por otro, dejaría de ser un movimiento artístico sin la diversidad y tal se genera con las distintas culturas y con la historia de éstas. El arte debe ser egoísta, pero también necesita mostrar aunque sea por arriba del tobillo; el arte de seducir, el centro de dar probaditas a quien se muere de hambre o sed. La metáfora de la necesidad, el calor.

20170211

Desperdicio encantador



El escape al bloqueo se esconde en el esfuerzo de la práctica.

Escribo esto para empezar a ser un escritor malo, debe ser el paso indicado hacia la buena escritura, asumiendo que ésta existe, o que reside en otra mano –o boca– que no fuera la de Sócrates o Aristóteles. Lo demás es un simple remix de lo que ellos y el diccionario del idioma predilecto evoca. Tengo media hora de descanso de las clases sabáticas de japonés y por eso escribo esto. Ni estoy acostumbrado a escribir a mano ni a hacer algo útil en este día. Son las consecuencias de divagar por tanto tiempo: ¿Qué hacer? ¿Qué conviene?, ¿salir todas las mañanas a correr, fingiendo ser saludable?, ¿dormir hasta tarde? ¿Empezar a planear la vida? Y al final nada se hace, sólo queda salir de la cama para entrar al sofá, con una pantalla más grande que el S5, a pretender que importa un unboxing youtuber o la décima ocasión en que el destino sabatino se topa con el mismo video viral del gatito comiendo sandía. Todo es más grande y pasa más veces, ¿no debería ser mejor entonces? No, si fuera así la belleza veneraría a la gordura, cuando al final nada de eso importa, la gente sólo son los distintos tonos de tos, humeando hacia el éter como los círculos de plomo woolfianos. El humano degenera en un reloj de arena, mientras más granitos haga mover, más apestosos, arrugados y seniles éstos.

No sé si es odio, aburrimiento o hambre. Tal vez el cinismo llegó cuando se fueron los demás. Sólo poseo nimias e inexactas certezas, las cuales no sé si saltan a mi atención cuando se manifiestan en el plano de lo supuestamente real. Por ahora sé que me fastidia el ruido a lo idiota. Probablemente es de mis certezas subjetivas; lo que puede ser estúpido para mí, debe ser un símil de la situación entre Rezia y Séptimus en el medio del parque[1]. Ha empezado.

Me gusta el cabello rizado.

Hay gente que tiene el súper poder de mirar fijamente a otros sin perturbarse o intimidarse.
Soy muy desesperado con todo en general, hay cosas que por eso quedan incompletas en mi vida. No tengo el don para adivinar o pensar en por qué pasa esto o aquello. De repente pasan y sólo se escuchan risas adentro, risas de burla, risas que no debían ser, pero que están ahí, para decir “Muérete, sólo muérete ya”. Dista mucho, temporalmente, este pasaje de los párrafos anteriores, pero percibo una sensación de monotonía, aborrecimiento e incomprensión. Juro que tengo más de dieciocho, por lo menos, juro que las certezas recaen en el sufrimiento, en el sinsentido empíricamente comprobado. Las patrañas que no se dicen en voz alta mutan en idioteces redondas, bamboleantes y pesadas, llevadas en el cuello como un bonito regalo de aniversario. Este es el tiempo que le dedicas a la tontería y no a salir y comerte el mundo a mordidas, ¿qué hay con esa expectativa que uno se hacía en la adolescencia?, ¿la vomitó la trigésima temporada de la serie mala de Netflix, que sigues viendo con la esperanza de que (te) pase algo?

¿Qué tiene de malo, de todos modos, que te guste algo y creerte tonto por eso?

Reflexiones cuando uno no debe hacerlas:


Creo que la diferencia entre un narrador y un escritor en realidad es el tiempo. Uno se impacienta y ansía llegar rápido hasta La historia, sumergirse y a la vez salir de ahí cuanto antes, para chapotear en otras tramas. Un escritor se ahoga.

Pese a todo, hoy recibí una dulce sorpresa. Me gusta creer que esta persona venía con esa intención y no con una que adiviné a los pocos segundos de verla a los ojos. Tal vez no habló lo suficiente. Tal vez debía callar más. Así podría escribir más para nadie.


[1] Referencia a un libro que ni he terminado: La Señora Dalloway de Virginia Woolf.