Creo que la diferencia entre un narrador y un escritor en realidad es el tiempo. Uno se impacienta y ansía llegar rápido hasta La historia, sumergirse y a la vez salir de ahí cuanto antes, para chapotear en otras tramas. Un escritor se ahoga.

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20170425

VII. Iba a ayudarte, pero después no quise

Don’t Trust the B---- in Apartment 23
(No confíes en la P---- del apartamento 23)
“Te pedí algo. No sé qué comen las mujeres.”
“Cariño, no comemos. Vivimos en cuevas, tenemos el período hasta que podamos tener sexo con el primer tipo que nos compre un vino y nos recuerde a nuestro padre.”
-Busy a James Van Deer Beek, Don’t Trust the B---- in Apartment 23, Temporada 2, Capítulo 1 “A Reunion”, Minuto 14:01

Apartment 23 es como la obra del último poeta maldito, Charles Bukowski: se le puede amar u odiar. No hay intermedio y es inevitable escoger uno de los dos lados, porque es una preferencia difícil de ocultar. Así se crea esta dicotomía en la opinión popular, al pensar que el cinismo, la comedia cruda y el sentido común pesado y cosmopolita puede ser la manifestación de la genialidad en persona o una perfecta oda al mal gusto. La serie americana creada por Nahnatchka Khan (American Dad!, Malcolm in the Middle), instituida por la cadena ABC, se condujo en pleno 2013 con la polémica e inexistente tercera temporada, la increíble sensualidad de Krysten Ritter (Jessica Jones, Breaking Bad) y estas críticas encontradas, ante la posesión de un discernimiento vago al momento de pensar más allá de lo que se puede ver. Después de unas cuantas semanas de terminar con la segunda temporada, es fácil reconocer esa tenue sensación de vacío y recaer en la conclusión de que uno termina encantado de odiar tanto a la serie. A continuación intentaré expresar el porqué de ello.

June Colburn (Dreama Walker: Sex and the city, The good wife) es una joven adulta, acaba de terminar su vida como estudiante y dado que su mayor sueño era trabajar en Wall Street, renta el apartamento 23 de cierto edificio anunciado en el periódico, poco después de hablarlo con quien sería su compañera y la peculiar It girl de la serie, Chloe (Ritter). En el mismo día de su cumpleaños, June ha perdido su añorado empleo, no tiene dinero y al volver a su nuevo hogar descubre a Chloe y a su prometido teniendo sexo sobre su pastel. Por muy curiosa que sea la situación, la misma June termina afirmando este desastre como lo mejor que le ha pasado. Definitivamente la ciudad de Nueva York es un monstruo para una provinciana buena gente, pero como tal, June no se considera una víctima en la trama, sino una mente provechosa y optimista, la cual se vale principalmente de su lado contrario, la zorra/perra/bitch del apartamento en donde ambas subsisten. Aunque la trama es copiosa, June aprende a vivir por y para ello, sin amedrentarse por cualquier aprieto en que Chloe las meta. En el proceso van a encontrarse con muy buenos amigos, como James Van Der Beek (interpretándose a sí mismo; Dawson Creek) compañero fiel en las parrandas de Chloe; y Mark (Eric André) compañero de trabajos de June y quizá algo más.

De momento, estas reseñas nunca han intentado persuadir a alguien de consumir las 6 series que han sido tratadas, sin embargo, se puede esperar cierta reflexión recíproca sobre las mismas, para un asiduo conocedor del tema o sólo un curioso que viene de camino, que tal vez se equivocó y dio click a la columna equivocada. Después de este pequeño encuentro con la historia, el agradabilísimo lector tal vez se pregunte si acaso la historia gira en torno a estas dos chicas banales, con problemas burdos y la mala comedia que un actor puede ofrecer al actuar bajo su nombre propio. Y no, el trasfondo que ofrece esta comedia norteamericana, tan repetitiva y cansina, en realidad se encarga de entregar un enorme significado a lo largo de los 26 capítulos emitidos: el feminismo en estado puro. No, no aquel “movimiento” que la gente de pocas luces se ha encargado de hundir, al punto de llamar a estas pseudo feministas “feminazis”. Es una chica frente a su futuro soñado desmoronándose y el proceso de aprendizaje con la otra, a la que le vale un reverendo carajo la vida; concluyendo con su difícil relación en donde se trata constantemente de equilibrar sus personalidades.

A su vez, bajo esta hermosa perspectiva de poder femenino (ja ja), las cosas pésimas no pueden faltar. En ciertas escenas se percibía la molestia o incomodidad al presenciar momentos racistas, discriminación a enfermos/discapacitados, el pisoteo a empleados de forma deliberada y la sinvergüenza generalizada. Como para dejar claro: esta no es una serie familiar, de ninguna manera; todo lo reprobable está a la orden del día: los desnudos, las escenas de sexo, las ganas de molestar o de causar polémica "porque sí", la falta de profundidad en los personajes secundarios y un largo etcétera. Hay una escena donde literalmente se minoriza a Mark por ser negro y lo peor es que él mismo lo dice, es un personaje constantemente olvidado por los demás y (spoiler) no es hasta finales de temporada que June le da una mísera oportunidad para hacer evolucionar su relación, un fracaso inminente a fin de cuentas. Y no se diga del reproche y constante "bullying" hacia la madre de Chloe, tanto por parte de ésta como del resto de su familia, sólo por ser paralítica. En su defensa, estos personajes podrían existir como una crítica a la sociedad real y para reflexionar sobre la manera de actuar del personaje principal, la zorra.

Aquel osado que recalque la falta de maestría en cualquier comedia, no reconoce el esfuerzo a la par entre géneros, aunque por parte de esta humilde opinión se considere mucho más difícil hacer reír en todos los capítulos, más que hacer llorar y conseguir la frustración o la expectativa del público. El trasfondo importa y es un rasgo importante en la renovación de temas, en especial en un rango cómico tan gastado y sobre todo adulto. Desafortunadamente las aventuras de Chloe, James y June han sido dejadas a un lado, tras dos temporadas amputadas, una vez más, por confiar exclusivamente en las cadenas televisoras. La confianza que el título de humor negro se tenía a sí mismo era tan poderoso, a pesar de ser la causa de su autodestrucción y de esa indesición del público. Porque funcionaba, algo que no podría decirse de entregas como Unbreakable Kimmy Schmidt, serie que tal vez va a ser abordada... o no, porque sinceramente es un absurdo desperdicio de tiempo y podría ser objeto de crítica destructiva... o no.


"Si tuviera tiempo para preocuparme por cada persona que me admira, me imita y me acosa, no tendría tiempo para ser mi fabuloso yo"

9/10

20170413

IV. No hay tal cosa como el amor verdadero en su estado más puro


"Mira, yo no sé qué hubiera pasado, ni sé dónde estaríamos. Pero hoy estamos aquí y somos dos personas distintas que queremos cosas distintas (...). Yo no te quiero lastimar, yo no creo que tengamos otra chance. Yo ya no estoy ahí".
Arturo Meyer, Alguien más, 2013. Capítulo 13, minuto 47.

Dejando a un lado por un momento a las series que han emanado de Netflix, en esta ocasión leemos sobre un título que irónicamente nos regresa a la antigua usanza de los programas de televisión, o séase tener un horario específico para aplastarnos frente a la caja estúpida. La programación de Canal Once. Se sabe que ésta brinda un contenido absolutamente distinto al de cadenas populares de televisión mexicana (cofTelevisacof) y pretende atraer al público para un título como Alguien más, la serie mexicana que en 2013 ocupó varios hogares.

Escrita y producida por Constanza Novick (Soy tu fan) y co-producida por Gael García Bernal y Diego Luna, Alguien más llega a ser un parteaguas, para causar innovación en la TV de la sociedad posmoderna de México. La historia gira en torno a un arquitecto treintón llamado Arturo Meyer (Arturo Álvarez Rebeil). Este protagonista masculino se sale del personaje del hombre de novela: el valiente, el dispuesto, "el macho"; es un tipo que tropieza con el fatídico error de enamorarse perdidamente de una mujer como Irene (Ana Serradilla), una persona inestable que eventualmente se aburre de su relación y tiene la ocurrencia de botarlo por un “one-night-stand” en una celebración de Año Nuevo con amigos de ella, y además tras dar el paso de vivir juntos hasta el lejano Londres. Arturo se regresa a México y se deprime profundamente por varios años y acude a su mejor amiga, Sofía (Edwarda Gurrola), desarrollando a su lado una relación muy sencilla y amena. Sin embargo, cuando Irene vuelve y se fija en Meyer una vez más, ¿cómo van a reaccionar él y su amiga?

Viéndolo desde una perspectiva general, 13 capítulos no pueden resumirse en un triángulo amoroso y problemas de un chavo ruco; sino en preocupaciones cotidianas que aluden al adulto moderno. Constantemente se maneja esta diferencia entre la perspectiva grupal y personal, así como las reacciones que hacen ruido en el hombre en el que se concentran. La relevancia del título es enorme en el tema del progreso social y el cambio que en la misma población ha hecho una implosión. Meyer es testigo de que sus amigos están siguiendo con la vida: se casan, tienen hijos, trabajan en sus propios proyectos y progresan en sus relaciones amorosas como adultos. La preocupación constante a llegar a un lugar o a ninguno en particular. Esto es algo que Pasión y Poder(o cualquier telenovela de cuarta) jamás se habría planteado, bajo todo ese argumento débil y predecible.

A pesar de ello, Alguien más no es ningún Master of None. Los meollos amorosos dan lugar a ciertos clichés como las relaciones enfermizas y la banalidad en los acostones casuales. Se desvalora la opinión de ciertos personajes (en su mayoría femeninos) para exaltar esta dimensión heroica y mesiánica del protagonista, y simplemente hay momentos en que se piensa y se vuelve a pensar la actitud y decisiones de éste. La finalización de la serie no causa ninguna incertidumbre, aunque sí un reproche hacia la producción de más proyectos que siguen apostándolo todo frente a un público que consume como enfermo obras mucho más sencillas. La prórroga de la segunda temporada fue una decepción, pero algo esperado por completo.

Finalmente, Alguien más surge como la necesidad de innovación en la televisión Mexicana. Ya saben que el público se ha cansado de consumir diez mil horas de los mismos programas de Chespirito, Derbez y todas las novelas de pobres buenos y ricos malos. La población hipster, millennial y agringada llega y consume también. El tiempo dirá si Club de cuervos, Soy tu fan y esta serie va a satisfacer al receptor consumista pero crítico también.

9/10

20170327

I. How I Met Your Serie o Cómo Conocí A Tus Spoilers Con Reseñas

Este título (malo) abre con una suerte de registro de mis trabajos anteriores, todos dentro de un blog grupal de la carrera de Estudios Literarios. No representan algún símbolo de orgullo o tal, simplemente es una documentación sobre el poco o mucho desarrollo escritural que obtuve gracias a veinte columnas escritas cada martes de principios del 2016. Que lo estoy resubiendo y ya, porque no he tenido tiempo de desquitarme con la escritura, más allá de ensayos y exámenes domiciliarios. 


Ansari y el malcriado freelance de la segunda generación indecisa


“Vi mi vida extendiendo sus ramas frente a mí como la higuera verde del cuento. De la punta de cada rama, como si de un grueso higo morado se tratara, pendí un maravilloso futuro, señalado y rutilante. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos. Y otro higo era una famosa poeta y otro higo era una brillante profesora. Y otro higo era Europa y África y Sudamérica. Y otro higo era Constantino y Sócrates y Atila y un montón de otros amantes con nombres raros y profesiones poco usuales. Y más allá y por encima de aquellos higos había muchos que no podía identificar. Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre solo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto. Mientras estaba ahí sentada sin decidirme, empezaron a arrugarse y a tornarse negros. Y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies.”

—La campana de cristal de Sylvia Plath. Master of None, capítulo 10 “Finale” minuto 20:30.



Apenas al entrar a segundo semestre (y sobrevivir al primero) recordé mi promesa de vacaciones, que iba a dedicarme en cuerpo y alma a la escuela. Llegó el martes y decidí empezar y acabar con Master of None, una serie indie que uno se sorprende dejando para después en la lista de Netflix, precisamente la plataforma que la produce y emite. Sin embargo, al contar tan solo con una sola temporada de cinco horas en total (divididas en diez capítulos de treinta minutos. Matemáticas); la serie dirigida, escrita y protagonizada por Aziz Ansari (Parks & Recreation, Buried Alive) se posiciona como la mejor comedia del año 2015, según The New York Times. Como la columna presente no es patrocinada por Netflix, ésta se interesa en dar una reseña neutral, de verdad. Sobre todo porque es la obra perfecta a modo de inauguración de estas columnas con nombre pretencioso; escritas por una persona que toma MUCHAS decisiones y persevera con muy pocas.

El título muestra el transcurso de los “veinte y pico” de Dev Shah, un indoamericano neoyorquino descendiente de inmigrantes y por lo tanto, parte de la segunda generación que tiene las comodidades que sus progenitores no tuvieron. Dev es (o pretende ser) actor, actuando en comerciales, sitcoms y películas, fracasando eventualmente en algunos trabajos y viviendo de las regalías de pequeños comerciales. Tan solo el título habla de la trama, al provenir de la frase figurativa “Jack of all trades, master of none”, traducido en español como “Aprendiz de todos los oficios, maestro de nada”. Y a lo largo de la historia se tiene esa sensación de que se “habla” de todo y de nada, puesto que el eje principal, el propio Dev, se da cuenta de que nada en su vida es seguro, precisamente en la edad en donde el camino “debe” volverse más claro. Es la impaciente vida del millennial contra su incapacidad de convertirse en adulto.

El género de comedia que le adjudican es algo muy debatible. Master of None como tal no pretende causar la típica y simplona risa pregrabada de otras series, ni escupir “Nueva York” por todos lados; sino que busca ese rastro de burla y/o ridículo encima de la porción indicada de profundidad. La reflexión y la comedia negra son acompañadas con el estilo fílmico que Netflix ha probado anteriormente con Orange is the New Black y Better Call Saul. A pesar de retratar a un perdedor neoyorquino, quejándose de su día a día por cosas tan banales como la recepción del wi-fi; se manejan temas tanto triviales como importantes: el racismo, la dificultad de la vida laboral, el machismo, el acoso sexual, la integración de distintas preferencias sexuales como algo ordinario, las diferencias generacionales entre padre-hijo y sobre todo el amor moderno (posmoderno… posposmoderno) en tiempos de las redes sociales masivas. Todas las índoles que afectaron a Dev y a su alrededor en algún momento.


Entonces, si todo es profundidad y ridículos ocasionales, ¿Master of None debe considerarse imperdible? La respuesta puede ser muy compleja, porque siempre existe ese lado malo o en este caso ese lado todavía neutral que también debe enfocarse en lo flaco de la trama. En plena serie da la sensación de que Dev es un Gary Stu. Más allá del protagonismo intrínseco y las partes esenciales de la historia, al resto de los personajes no se les brinda la profundidad necesaria que haría del desarrollo algo más disfrutable, siendo tan exagerado como el juego de Simón dice. Con respecto al interés amoroso de Dev, Rachel, es fácil identificar por qué uno termina odiándola y es sólo porque uno se mete tanto en el egoísmo del personaje principal, al punto en que lo demás se vuelve predecible. Son reconocibles los diálogos planos, las relaciones forzadas y el cambio tan extremo entre una temática y otra. Spoiler: extendieron los inicios de la relación de Lily y Marshall de HIMYM en un capítulo 9 decepcionante.

Alan Yang y Aziz Ansari fraguaron un título que refleja el tiempo en el que vive, que le habla a una generación indecisa, una generación que tiene todo a su favor pero a la vez lucha por encontrar su sitio. Es una serie sobre personas reales que quieren entender lo que es la vida, sin dejar de vivirla.
Desde el primer capítulo se puede decidir si uno decide dar su alma a la obra o no, a pesar de la evolución evidente y de treinta minutos que dicen más de lo que se alcanza a percibir en el momento. En palabras de Yang: "es gracias a los heterosexuales blancos que dominaron el mundo de la TV y el cine por tanto tiempo; que ahora la historia de cualquiera parece original y fresca."

NO IMPORTA TANTO LO QUE PASA, SINO POR QUÉ PASA

7.5/10