Creo que la diferencia entre un narrador y un escritor en realidad es el tiempo. Uno se impacienta y ansía llegar rápido hasta La historia, sumergirse y a la vez salir de ahí cuanto antes, para chapotear en otras tramas. Un escritor se ahoga.

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20170429

XX. "Persona llena de energía"

“¿Qué significa ser uno mismo? Diferenciarse de los demás”, es lo que vi escrito en una revista de aquella tienda, resaltando en la portada. ¿Qué significa ser uno mismo? Es algo que no me preocupaba cuando era un niño, no me importaba enojarme cuando las cosas no salían como quería y honestamente decir cuando algo me gustaba. Pero cambiamos con el tiempo, al igual que las cosas que queremos proteger.
Desde algo que no necesita ser explicado, hasta actuar para ser aceptados. Cuanto más crecemos tendemos a ser criaturas con más arrepentimientos. Pero aun así, incluso así, hay algo que aprender de todo ello. Es por eso que estoy siendo yo mismo y tú sigues siendo tú. No tenemos que empezar de nuevo para poder encontrarlo. Después de todo yo no soy como tú, así como tú no eres como yo. Siendo diferentes y tomándonos de las manos; así es como funciona.Me pregunto ¿qué significa ser uno mismo? Tenemos algo irremplazable. No hay nada malo en una vida en constante cambio."
1:30 de la canción de inicio de Barakamon “Rashisa”, interpretada por Super Beaver.

Me supongo que en cualquier disciplina, pero necesariamente debe ser la escritura uno de los escaños complicados de escalar y encima de ello, permanecer. Es necesario mucho trabajo duro, esfuerzo y constante práctica. Entonces el respetado lector que venga de pasada por acá entenderá la frustración y el estrés inmiscuido en un ejercicio como la redacción. Habrán ocasiones en las cuales uno tenga la necesidad de recostarse en su cama, hacerse bolita y comenzar a sudar por los ojos; de pensar en rendirse o incluso posponer tareas complejas, como, sólo por poner un ejemplo, una columna semanal. ¿No dan unas gigantescas ganas de volver a la infancia? Ser niño representaba vivir sin preocupación alguna en el mundo, jugar todo el día y vivir pensando apresuradamente en la adultez, como una especie de sueño inalcanzable. Pues una vez que llega ese suceso tan inesperado, ¿qué se supone que hay por hacer? ¿Incluso los propios adultos sabrán la respuesta de esa pregunta existencial?

Barakamon, bajo el género de shonen, comedia y slice of life; es un manga, escrito e ilustrado por Satsuki Yoshino, todavía en emisión. Además se lanzó un anime en el verano del año 2014, salido del estudio Kinema Citrus (Tokio Magnitude 8.0); sumamente corto al abarcar una sola temporada de sólo 12 episodios y sin espera de una segunda entrega, lamentablemente. Sin embargo, al ser considerado uno de los títulos recientes de estas series japonesas, es necesario resaltar las diferencias que lo hacen relucir de sus contemporáneos. La historia retrata la llegada de Seishuu Handa, un calígrafo profesional de apenas 23 años, a una de las Islas Gotō, un ambiente pueblerino totalmente opuesto a la concentración urbana de Tokio, su antiguo hogar. Handa ha sido mandado a esa isla por órdenes de su padre, después de haber cometido el desfiguro de golpear a una autoridad predominante en el mundo de la caligrafía, solamente por recibir una mala crítica y señalar su estilo como aburrido, mediocre y falto de personalidad. Después de recibir una opinión tan mala y devastadora, decide aislarse de todo y todos, para dedicarse a su caligrafía.

¿Y ya? Pues uno puede pensar que no hay sinopsis más aburrida como ésta. Detenerse a observar caligrafía ajena y contraria a la occidental, como lo es la japonesa, podría ser algo poco atractivo para el consumidor de habla hispana, con letra molde como la de ahorita mismo. Una profesión… prácticamente inexistente en occidente resulta digna de admiración; además, con un protagonista tan serio, estresado, caprichoso y sumamente recto, es curioso toparse con momentos en los que consiguen arrancarte una clara e inevitable risa, sí o sí. Entonces, es hora de decir que este anime no lo debe todo a Handa y sus increíbles esfuerzos por hacerse de un estilo propio. La isla no es nada parecido a una ciudad sobrepoblada como Tokio, sin embargo en ella reside un pueblo pequeño y muy unido. Los habitantes reciben al “maestro” como si ya lo hubiesen conocido mucho tiempo antes y desde el principio tratan de incluirlo en sus círculos sociales. Mediante la interacción (oportuna o no deseada) de estos personajes, el protagonista aprenderá de diversas experiencias que nunca antes pudo tener, gracias a la sobreprotección de sus parientes y el entorno urbano que lo asfixiaba. Descubrirá que no sólo su caligrafía mejorará, sino también su propia integridad humana y su sentido en la vida misma.

La agradable sorpresa de encontrarse con una fuente limitada de diversión y relajación es gracias a la buena vibra que esta serie esparce sobre cualquier público. No es una serie llena de sangre, conflictos y fanservice. El elemento reprobable de lolicon se hace totalmente a un lado aquí, a pesar de tener elementos infantiles como coprotagonistas. Y resta un humor blanco, que ni uno mismo sabía que necesitara alguna vez en su vida. En ningún episodio llega a pensar uno en la falta o el simple relleno en la historia. Las risas, la reflexión y los cambios están ajustados correctamente e incluso podría ser que el mismo anime genere una introspección personal en cada consumidor, pensándose como una “persona llena de energía”, como el título traducido trata de transmitir. Tanto Handa como uno mismo presencia las pequeñas y cotidianas aventuras de los habitantes, logrando un lugar espiritual, algo parecido a un locus amoenus individual, término referenciado a un lugar idealizado, apartado del ruido y de distracciones; y repleto de encanto. Todo es como recostarse en esa silla de masajes que están en algún lugar de los supermercados, cerrar los ojos y presenciarlo… esa animación de colores tan suaves y detalles resaltados, como el cabello y la eterna belleza del mar; la voz de Daisuke Ono, exasperándose con las voces cristalinas de niños de verdad; y la tenue acústica, que entra en la misma trama, llena de entretenimiento ligero pero de gran calidad. Finalmente, saber que nada mal puede haber en este mundo y que la felicidad está a la vuelta de la esquina.

Naru Kotoishi
Como si esto fuera un platillo y un servidor fuera su chef, el principal ingrediente se guarda celosamente hasta el desenlace y/o la entrega del servicio. En Barakamon este elemento tiene por nombre Naru Kotoishi, una pequeña y simpática niña de tan sólo siete años. Sin mencionarla a ella es como hacer una reseña de un anime genérico, sin situaciones sosas y personajes estereotipados, o sea, como algo sin sentido y sin razón. La pequeña infante hace esta serie lo que es, su tierna voz, el diseño cristalino de su personaje, la esencia de la personalidad de acuerdo a su edad y, sobre todo, la interacción que mantiene con un hombre como Handa, es lo que resulta en un título optimista, ameno y de buen gusto, sin tener que recurrir a personajes totalmente atractivos, escenas eróticas y seriedad absoluta. Esto llega, susurrando suavemente al oído de uno, diciendo “No te tomes la vida tan en serio”. Divertirse, impresionarse y convivir con los pequeños componentes de la vida, ser feliz y dejar la preocupación a un lado, sin darle muchas vueltas al asunto.

Barakamon te enseña a ser un niño otra vez.


No estoy seguro. Ahora mismo estoy completamente a ciegas, pero tarde o temprano, encontraré la luz.
10/10

20170213

Teorema del olvido (probablemente sentí algo cuando escribí esto, pero cuando lo vuelva a leer se me va a olvidar)

No saber también implica algo, o eso creo. Para eso está la reutilización. Así se entiende que no hay nadie tan grande como el que se atrevió a dar el paso, el que se dejó de tonterías e influjos inspiradores para lograr una maldita cosa en este mundo. Por supuesto, se debe sentir bonito, ¿no? ¿No?

La imagen puede contener: texto 
<<No es Jack London

Se escuchaban apenas los gritos del pequeño negrito desde el portón. El hacendado se enderezó, sin soltar de las riendas a su yegua, quien totalmente atenta se desprendió de la hierba que devoraba y atendió a ese tirón amistoso.

El hijo de la criada seguía llamándolo a voces, incluso cuando estaba a metros de distancia. Bajó de su transporte y corrió hacia el establo. Encontró una escena digna de un campo de batalla, por lo menos desde su punto de vista como padre.

Su pequeño hijo de cinco años zarandeaba al pequeño cachorro que recién había parido Daisy; éste sólo se convulsionaba desesperadamente. El hacendado retiró a su pequeño, tan exasperado que no notó cuando Daisy se acercaba y ante sus ojos veía a su propia cría sufriendo. Ni tarda ni perezosa se abalanzó al cuello de su dueño y le arrancó la garganta de un mordisco. El niño seguía sacudiendo a su mascota, mientras el hijo de la criada dejó de gritar.>>

No tengo idea de por qué escribí esto en un ejercicio de clase. En realidad no creo que el niño se quede tan tranquilo después de que le arranquen la garganta a su padre, tal vez trataba de reflejar que la naturaleza absorbe a los entes exógenos y, como tal, el pequeño niño todavía permanecía como un ente ambiguo a los ojos de la perra, elemento natural, tanto como lo era el establo. Probablemente el niño pensó que su padre se sumía en un largo sueño, después de haber jugado con Daisy, porque todo el tiempo estaba afuera, cuidando de sus animales, los cuales lo querían mucho. Dar esa propiedad de cariño a un animal desinteresado por los sentimientos se recalca en esta vil copia de un ícono del naturalismo esencial de la literatura norteamericana.


Como tal, esta clase fue una de mis favoritas, había que leer obras con la que la gente se entiende más, muy diferente a Teócrito o a Virgilio. La adecuación a la cultura más cercana a la nuestra representa, a mi parecer, otro tipo de pérdida. No habría nada de malo con leer obras norteamericanas, pero habría que ver la consecuencia de leerlas de este lado del camino. El arte no entiende de geografía, por un lado; y por otro, dejaría de ser un movimiento artístico sin la diversidad y tal se genera con las distintas culturas y con la historia de éstas. El arte debe ser egoísta, pero también necesita mostrar aunque sea por arriba del tobillo; el arte de seducir, el centro de dar probaditas a quien se muere de hambre o sed. La metáfora de la necesidad, el calor.