Las cosas son o no son.
Cuando las personas se encuentran con una persona callada se hacen mil y
un expectativas. “Será presumido” “Será prepotente” “Será aburrido” “Será mi
próximo amor de mi vida” “Será tonto” “Será demasiado listo para comunicarse
oralmente”. Bueno, con todos se forma esa idea, pero con las personas que no
intervienen es otro nivel de idealización o rechazo. Lo cierto es que yo no
sabría lidiar con alguien como yo. Hace mucho tiempo yo no era así, me gustaba
hacer reír a la gente, permanecer como una persona alegre y carismática. Ahora mismo
no recuerdo si aquellos espectadores llamados amigos sabían algo de mí. Yo creo
que no.
Yo quisiera saber de mí sin tener el prejuicio del “Ojalá
hubiera sido esto” “Sería mejor si yo fuera lo otro”. El cuerpo anhela atención
del cerebro, con más razón cuando éste lo rechaza. Por un momento me gustaría
no pensar de más y sólo disfrutar de lo que hablan conmigo, sin ser egoísta,
sin tener la cara larga y el ceño perdido. Me gustaría que bastara yo para mí. No
tener la necesidad de llegar a mi cuarto a llorar o a pasar unas horas de
insomnio, pensando “¿Qué más hice mal?” “¿Por qué no puedo dormir, qué faltó?”
Tengo la impresión de MUCHO. Todo bombardea mi interior y yo
lo propicio, pero yo mismo me sorprendo al recibirlo. Nada es igual, ni
siquiera lo que pensé hace diez segundos, todo se esfuma y la expresión escrita
no alcanza, hace falta gritar y deshacerse para volverse a armar o a crear. Todo
es tanto tanto que no dan ganas de revisar cosa por cosa. Es mirar todo y
pensar en deshacerse de compromisos, de personas, de gustos, de esencias. Es minimizar
tanto al ser hasta que no sea nada. No se tiene que escribir, se tiene que
desprender uno de las cosas, a como dé lugar. No tener certeza para que el
mundo sorprenda de nuevo. No ser nada para ser algo por medio de los demás. Porque
simplemente duele muchísimo ser y que nadie sepa de esa preciosura que uno ha
creado, esos anhelos, esos sueños, esa falta de confianza que endurece todo
ello, pero que a la vez anhela dejarlo salir. Hablar de disgustos, de
percepciones, de una tontera de la clase. Hablar. Hablar. Hablar.
Sólo así podrían callarse las voces, podría renunciarse al
silencio utópico. Sólo así se rechazan las expectativas ajenas, y se consigue:
se logra ser.
Próxima idea: la relevancia de ser un extra, antes y después.

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